domingo, 22 de enero de 2012

Sobre las mayorías y el conocimiento interior


"La única realidad es la que nosotros tenemos, y si los hombres viven tan irrealmente es porque aceptan como realidad las imágenes exteriores y ahogan en sí la voz de su mundo interior. También se puede ser feliz así ; pero cuando se llega a saber lo otro, se hace ya imposible seguir el camino de la mayoría. El camino de los más es fácil; tan fácil como penoso el nuestro. Caminemos"

Demian (1949) - Herman Hesse

martes, 3 de enero de 2012

Expedición a la Casa Bulnes



Muchos dicen que, a veces, la realidad supera la ficción. La historia que voy a narrarles es un fiel reflejo de dicha frase. Nací en una clínica en algún rincón perdido de la Ciudad de Buenos Aires. Una madrugada de verano, de esas tan densas que la respiración se dificulta, la vista se nubla y las gargantas se secan. En fin, el hecho es irrelevante. La cosa es que a los 5 años nos mudamos con mis papás a un departamento de El Palomar, en el oeste del conurbano. Allí me críe, pasé mi infancia y mi adolescencia, viví, me formé, percibí olores, sabores y todo tipo de sentimientos. Aventuras inimaginables, epopeyas heroicas y demás travesías. De aquella época en aquel suburbio, proviene un episodio que nunca borraré de mis retinas. Lo llamamos con los pibes del barrio: La expedición a la Casa Bulnes.

Con mis amiguitos de aquel entonces siempre nos intrigó esa casa y sobretodo, no parábamos de imaginar historias fantásticas y misteriosas sucediendo allí dentro. Todas alimentadas por los cuentos de terror que nos contaban los hermanos más grandes de los pibes de la barra para asustarnos. Mucho después comprendí que era puro cuento. Que allá se realizaban experimentos macabros, extrayendo trozos de cerebro a humanos inocentes. Cruzas entre razas de perros y gatos. Clonaciones de distintas especies. Canibalismo. Inmensas colecciones de huesos. Tumbas profanadas. Todo esto forjó alrededor de esa insulsa casa, ubicada en Bulnes y Dinamarca, una atmósfera aterradora.

Por supuesto no todo fue pura ficción de los grandulones. También existía una cierta cuota verídica, exagerada pero real al fin, que acrecentaba nuestros miedos. Se trataba de los dueños de la casa. El sr. y la sra. Garrone.

El hombre, Ramón Garrone, lánguido como un limón viejo, de rostro curtido y áspero, como la más erosionada roca, mirada firme y soslayante, y unos cuantos cabellos en la testa, que podían ser contados con los dedos de una mano. Siempre que se nos caía una pelota para el patio de su casa, nos la devolvía pinchada y vociferando:

Pendejos de mierda!! Si me vuelven a tirar la pelota al patio los descogoto uno por uno ¡!

Siempre nos impresionó su sutileza. Por supuesto estos episodios fueron atemorizándonos cada vez más.

Por otro lado, los más grandes sustos nos los pegábamos con la vieja, la señora de Garrone. Esta mujer era algo mayor que su concubino, de cabellos grisáceos y expresión pálida, avejentada. Sus ojos eran hogueras que irradiaban una ira inconmensurable. Por supuesto que jamás nos habría lastimado, ya que era una inofensiva viejita, pero al verla, ya la visualizábamos como la guardiana de los más profundos infiernos.

La vieja nos daba pánico. Cuenta la leyenda que una tarde, uno de los pibes, Martín, se le cruzó volviendo del colegio en la esquina de su casa. Nos contó que estaba tirando en el basurero de su cuadra una bolsa de consorcio gigante que se movía. Cuando la vio se quedó atónito. Nos dijo que estaba seguro que ahí adentro estaba Rama, un pibe que vivía cerca de su casa y que, de un día para el otro, se mudó misteriosamente.

Retomando el episodio de la casa y la expedición, fue en una de nuestras tantas reuniones nocturnas de los sábados, a escondidas de nuestros padres, que se nos empezó a ocurrir la idea de armarnos de valor y comprobar que pasaba dentro de la casa de los Garrone.




-Estás loco. Me dijo Martín al escuchar la propuesta.

-Esos viejos están locos, nos van a hacer a la parrilla Pablito.

-Ya sé que te dan miedo Martín, a mí también. Admití. –Pero si no lo hacemos, nunca vamos a saber si todo lo que nos contaron es verdad. Y además, ¡Vamos a pasar a la historia! Seríamos los más valientes del barrio!

El resto de la juntada me terminó dando la razón, a pesar de que se seguía comentando por lo bajo que el primo del primo de Felipe les había contado que los Garrone tenían una cárcel de nenes en el sótano. Finalmente, haciendo caso omiso a las alteraciones de turno y a los miedos de Martín, le pusimos fecha a nuestra misión. El lunes, a la hora de la siesta, aprovechando que los Garrone la cumplían a rajatabla, treparíamos la enorme reja, atravesaríamos el patio y nos adentraríamos a la misteriosa casa. Nuestro día D había quedado sentado. Juntamos nuestras manos y juramos el más absoluto secreto. Nadie debería enterarse de nuestra expedición.

Al llegar el día, yo, Martín, y el resto de la barra, nos reunimos en la esquina de la Casa Bulnes, como la habíamos bautizado, para terminar de deliberar nuestro atraco. El plan de operaciones era simple: Javi y Eloy, que eran los más altos y fornidos, nos ayudarían a Martín y a mí a trepar la reja primero. Luego ellos ingresarían. Atravesaríamos el patio y allí comenzaríamos con nuestra exploración casi antropológica. Con eso daríamos por satisfecha nuestra peligrosa visita a lo de los Garrone.

El primer paso salió de maravilla. Los grandulones nos ayudaron a subir la reja haciéndonos piecito y pudimos darnos maña para ingresar. En ese instante, se nos atravesó el primer obstáculo. No contábamos con que en el patio, que no habíamos observado con la debida atención producto del miedo, se había convertido en la misma selva amazónica. A nuestros inocentes ojos de niños veíamos inmensas formaciones fe follaje, robustos robles con ramas entrecruzadas cual laberintos, lianas colgantes atravesando todo el paisaje.

-Ok, dije en voz alta tomando el liderazgo del grupo. – Avancemos, nosotros vamos a poder.

Nos adentramos en aquella jungla a machetazo limpio, como exploradores salidos de un documental de National Geographic. El camino se hacía interminable. Más y más lianas se nos aparecían en nuestras narices, como custodiando el tesoro más inquebrantable. Juro que, en aquel entonces, vi distintas especies de monos saltando de rama en rama, todo tipo de insectos que intentaban trepar por nuestras piernas y debíamos ahuyentar, pájaros que en mi vida había visto revoloteando juguetones en la espesura de aquella región selvática. En el momento que vi una serpiente enroscada a una rama, observándome amenazante y bamboleando su lengua bífida como advirtiendo de la peor de las tragedias, sacudí un poco mi cabeza incrédulo, y distinguí a Javi, con su pierna enredada con una manguera verde, esas que te ofrecen por la televisión. Lo ayudé a salirse de su trampa y continuamos los cuatro, bien amontonados como pichones en el nido.
Atravesamos lo que para mí fueron kilómetros y nos topamos con nuestro obstáculo número dos. Algo que nos era desconocido y evaporó nuestro aliento: conocimos a la mascota de los Garrone. Era un ser inmenso y amorfo, con cuerpo de elefante, pero con piel oscura y cobriza, con una cabeza enorme como la de un oso y unas enormes y terroríficas fauces, que nos recordaban a las mandíbulas de un tiburón. Una pequeña placa de metal, que apenas se percibía por su grueso cogote, nos introducía su nombre: Sado.

En un principio los cuatro nos quedamos paralizados, mientras veíamos como el Sado nos rugía de manera desaforada. Nos miramos el uno al otro y percibí, en las miradas de todos, que ese sería el fin. Sado lanzó un aullido hacia la eternidad de la tarde, y cuando estaba a punto de abalanzarse para despedazarnos los huesos, Martín, en un acto de valentía insólita, logró calmar a la fiera. Arrojó hacia el fondo del monte selvático, indivisible, una pelotita de tenis que siempre llevaba en so bolsillo por si surgía algún picadito de último momento. La bestia al observar su vuelo salió a toda velocidad rumbo a su encuentro y su enorme figura se disolvió en la espesura selvática.

Solucionado el segundo obstáculo avanzamos un par de metros y , atónitos, nos maravillamos ante lo que habíamos encontrado. Todas nuestras dudas y travesías se justificaban ante semejante hallazgo. Era el arca perdida de Indiana Jones, el unicornio azul de Silvio, la esfera de cuatro estrellas de Gokú, el oro de los Nazis. Nos habíamos topado con el único, el verdadero tesoro Garrone.

Una inmensa estructura metálica negra se alzaba ante nuestras narices. En su interior, cenizas, cenizas y huesos con nervios y fibras musculares adheridas a su superficie.

-Yo sabía, estaba seguro de que algo se mandaban estos viejos! Grité. Estos huesos deben ser humanos, estoy seguro!

Nadie podía creer lo que estaba viendo. En medio de su jungla, los Garrone se dedicaban a incendiar hombres, mujeres o quizás niños. Cada uno de nosotros tomó uno de los huesos y salimos corriendo de allí, con una mezcla de espanto y emoción por el enorme descubrimiento que habíamos hecho y por nuestra heroica aventura.

Ya pasaron treinta años de aquel día, y hoy por hoy, ya convertido en adulto e intentando evitar todo lo trágico que esto conlleva, aún recuerdo el episodio de la Casa Bulnes como si hubiese sido ayer. Jamás voy a olvidar el enorme coraje que tuvimos y lo macabro de nuestro descubrimiento. Sí, porque aún hoy me parece macabro, a pesar de que al otro día del hecho, al mostrarle indignadísimo a mi papá la pieza arqueológica que descubrimos en el patio de los Garrone, el viejo me dijo:

-¡Pero boludo! ¿De dónde te pensás que viene el olor a asado de todos los domingos?







*Fotos: "Stand By Me" - 1986 - Rob Reiner - Stephen King

jueves, 29 de diciembre de 2011

Satisfacción Garantizada



La decisión ya estaba tomada desde tiempos inmemoriales. Quizás desde dentro del vientre materno. Su angustia crónica y su desdicha eran signos recurrentes de que las puertas hacia la tragedia estaban abiertas de par en par. Nunca quise nacer, por qué carajo vine al mundo si jamás disfruto la vida! Esa idea se repetía en la mente de Mauricio todo el tiempo. Siempre estuvo convencido de que su existencia no tenía sentido. Podría borrarse del mapa cuando quisiera que nadie lo notaría. ¿Quién me extrañaría? Nadie, pensaba. Por todo esto fue que, aquella tarde de octubre cuando el sol calcinaba la terraza de su edificio, envalentonado se propuso acabar con todo su sufrimiento.
Desde allí se percibía el más absoluto vértigo. 17 pisos, como vaticinando la desgracia, componían aquel vástago de concreto ubicado en Nicolas Reppeto y Rivadavia. Los incesantes sonidos de los autos tan habituales, a aquella altura eran casi imperceptibles. Mauricio, seguro hasta los huesos, se acercó hasta la cornisa. Ráfagas de viento intermitentes teñían la escena de un crudo suspenso casi haciéndolo tambalear. Levantó la mirada hacia las nubes, y sintiéndose uno con el cielo infinito se percibió feliz, satisfecho con lo que estaba por hacer. Se despidió de sí mismo, la única entidad de la que podía despedirse, cerró los ojos y cuando estaba a punto de flexionar las rodillas y dar el salto hacia la eternidad, algo lo detuvo. Su celular, que nunca entendió bien para que lo había comprado pero que alguna fuerza superior lo había impulsado a tener uno, comenzó a sonar. En un principio, su sonido histriónico e irritante lo alteró, tanto que casi lo revienta contra el piso de cemento, pero luego, comenzó a pensar quién sería el que lo estaba llamando, si desde que se lo compro, solo lo habían llamado una vez confundiéndolo con un radio taxi. No importa, ya no hay tiempo, pensó. Pero luego, preso de una curiosidad insólita, se decidió a atender la llamada sin siquiera fijarse cual era el número entrante. Hola, dijo Mauricio seco y tajante. Desde el otro lado, una voz automática y casi robótica retrucó el saludo.

-Hola, buenas tardes, mi nombre es Marco, me comunico de Servicios de Atención y Extensión a los y las clientes de Telecomu, ¿Con quién tengo el gusto?

Mauricio estaba a punto de batir records olímpicos de lanzamiento arrojando su celular a cielo abierto cuando de pronto, vaya a saber uno por qué, contestó tímidamente, como un acto reflejo de su soledad absoluta reclamando una voz humana:

-Mauricio.

-Que tal Mauricio mire, le comento, estamos ofreciendo un paquete de beneficios múltiples y variados para su línea a un muy bajo precio, esto sería, llamadas gratis a todo el mundo, 15000 mensajes de texto gratis por un día, 8 números free, servicio de internet, GPS, póker online, biblioteca virtual, películas y música a descargar de forma gratuita y aumentar su abono al doble por solo $150 por mes, ¿Le interesa?

El cerebro de Mauricio dio varias vueltas sobre si mismo como un bolillero, y sus neuronas como las bolillas chocaron entre si mientras Marco, firme candidato al empleado del mes, desplegó su parla. De pronto, las palabras comenzaron a salir de su boca con lentitud.

-Eh, no mire, le agradezco pero no me interesa. En su interior cayó en la cuenta de que este energúmeno estaba entrometiéndose en la liberación de sus penas y comenzó al alterarse.

-Pero no, escuche Mauricio, podemos ofrecerle aún más facilidades, mire, por la mitad del precio que le ofrecimos, es decir $75, podemos darle 12, si, 12 números free para que llame y mande mensajes gratis a todos sus amigos! ¿Le interesaría en este caso?

Mauricio ya creía que le estaban jugando una pesada broma. Él no tenía ni un amigo al que llamar, ni siquiera un compañero de trabajo con quién juntarse a comer, ni nada que se le parezca.

-Discúlpeme señor Marco, pero en este momento no me interesa eso ni nada que usted pueda ofrecerme. Le agradezco su interés pero ya voy a cortar.

-No no, pero de ninguna manera Mauricio por favor. Mire, en Telecomu contamos con promociones para todo tipo de clientes. Vamos a hallar una que lo beneficie y lo llene de dicha y satisfacción. Mire que le parece lo siguiente: Le ofrezco un plan especial en donde, con lo mismo que usted abona hoy en día tendrá los mismos beneficios que le nombre anteriormente, más video llamadas a todo el mundo gratis! ¿Qué opina? Podrá verse y charlar con todas las personas que usted quiera y en cualquier parte ¡

Mauricio, cada vez más alterado y con la mirada fija en las nubes se enfureció aún más. Esto ya había sido el límite. ¿Si no tenía ninguna persona con la que hablar en el país, como iba a hablar con alguien en otra parte del mundo? Ya harto y rebosante de ira, casi relamiéndose con su caída e imaginándose en su mente su épico final, estalló contra el vendedor.

-¡¡¡Mire, escúcheme bien Marco, traté de ser amable hasta ahora pero ya no puedo más!!! ¡¡¡Usted me sacó totalmente!!! ¿Pero que me esta cargando? Usted ni me conoce. ¡¡¡Mire, yo no tengo amigos, no tengo familia, estoy solo, vivo solo y estaba a punto de morir solo tirándome de la terraza de mi edificio cuando usted con una sarta de pelotudeces me interrumpió para venderme mensajes gratis!!! ¿A usted le parece con la vida de mierda que tengo yo que voy a conocer personas para llamarlas o mandarles mensajes?

-Mauricio, pero hubiera usted empezado por ahí. Si yo le dije que en Telecomu garantizamos la satisfacción a todos nuestros clientes. Tengo un plan que le incluye: 20 amigos fijos, 15 hombres y 5 mujeres, con visitas, salidas y vacaciones. Una pareja, del sexo que usted elija, fiel y compañera con minutos libres y una familia, padre, madre y dos hermanos, 1000 minutos por mes, con cenas, meriendas e incluye días de fiesta. Eso sí, el precio, lo tendríamos que discutir en privado.

jueves, 1 de diciembre de 2011

"Estoy tan felíz que no me pueden matar ni las balas" - Entrevista a Boom Boom Kid -



¿Cómo te presentarías para los que no te conocen y los que no conocen tu música ?

- Es un zumbido. ( risas ) Lo que hago es un zumbido. Podés llamarlo, rock, pop, punk, es un zumbido, que trata de emular el ronroneo de los gatos ( más risas ) ¿A qué me dedico? No sé, aún estoy buscando la profesión.

¿Algún género musical te identifica más?

Me gusta mayormente la música con distorsión, y si tiene una bateria y una base rápida mejor.

¿Además de la música, te interesa alguna otra rama del arte, como la literatura, el cine o la pintura ?

Si me gusta leer, me gusta ver, de ahi a meterme en eso, yo lo que hago son funzines y hago cortos y videoclips con mi música pero no puedo llegar a hacer una película o decir que soy un cineasta o un director viste. Me gusta pintar,dibujar, pero no me considero un pintor o un dibujante. Hago un montón de cosas, perono se si tienen nombre (risas)

¿Qué opinas sobre las bandas más chicas... (El entrevistado interrumpe : Boom Boom Kid es una banda chica , risas de por medio ) Claro sisi, aparte, todas esas bandas que a lo mejor les cuesta conseguir un lugar para tocar o como ves la situación de los lugares para poder tocar?

Creo que tiene que ver un poco con la vagancia también . El que quiere tocar puede tocar, lo puede hacer en cualquier lado. Depende lo que vos aspires a tocar. Hay gente que decide fracasar si no tiene un auto y una casa a los 40 años. Otros, estan contentos con estar vivos y estar tomando sol en una plaza leyendo un libro. Y esta bien, con dinero o sin dinero. Yo a las bandas no le puedo decir nada porque yo tengo una visión muy particular de las cosas, y tampoco me interesa que mi visión sea una visión en la que otras personas se involucren de alguna forma. Se utiliza mucho en algunos cantantes o voceros de algunas bandas de rock que dicen: «..."no hay que hacer esto, hay que hacer lo otro...» Algunos dicen : «somos independientes» ¿Qué me querés decir? Yo si escucho una canción la escucho, no me fijo quien la sacó, quién la editó, capaz yo si porque soy medio hinchapelotas pero , que se yo, escucho una canción y nada. Te podría hablar algunas cosas pero hay cosas, respecto a la forma en que se materializa la música, se mete en un cd y todo eso. Este país, bah nose si es culpa del país capáz es culpa de las personas, pero bueno no me quiero desviar. Para mi, uno tiene que tratar de ser uno en todos los sentidos. ¿Qué tienen que hacer las bandas? Las bandas me parece que tienen que hacer lo que tienen que hacer. Cuando uno trata de hacer algo para lo que no fue nacido para hacer, algo forzado porque la quiere pegar, o : «... yo no uso zapatillas de cuero porque en la escena no se usa zapatillas de cuero, pero a mi me matan las zapatillas de cuero, quiero ponerme...» entonces sos un tarado, buscas aceptación pero no sos vos. El día de mañana podés ser el cantante más famoso de la tierra pero no sos vos ¿Y de qué te sirve ? De nada.

Te involucraste de muy joven en la música y más precisamente a cantar, ¿ Cómo fueron esos comienzos ?

Fue por error que yo empezé a cantar en realidad. Con unos amigos que habían empezado a hacer funzines también, yo también y nos juntábamos a escuchar música, en el año 89. Yo vivía entre Campana y Zárate y nos juntábamos en Campana. Con los pibes ibamos a tomar algo, nos juntábamos para intercambiar cassettes de grabaciones que ibamos consiguiendo, que nos mandaban por correo amigos de otras partes del planeta. Cada uno de nosotros tenía un funzine. Obviamente había uno que era más trasher, otro más death metal, otro que era más heavy. Y bueno, yo hacía las revistas y un día me dicen : che mañana vamos a ensayar. ¿Ensayar qué? Le digo. No , pasa que ensayamos una vez, y estuvo buenisimo y hoy vamos a ensayar de vuelta, ahi a dos cuadras de tu casa. Uh que buena onda, porque no te venis a cantar? No vos estas loco, les digo (risas) Si, me contestan. Yo canto, yo cuando era chico cantaba arriba de los discos de Iron Maiden. Y bueno, me mandé, no había micrófono nada, creo que a los dos años de tocar pegamos uno. Mi voz se escuchaba cuando iba a un lugar a cantar, y trataba de que se escuche. A lo mejor eso influyó en que, bueno ahora no la tengo tan fuerte, pero en su momento tenía una voz muy fuerte. Capaz por esos años de cantar sin micrófono. Y así salió. Horror ( risas ) Les gustaba lo que escribía, como escribía y ya al otro finde semana ya tenía varias canciones, y a las 3, 4 semanas ya tuvimos el primer reci. Asi todo rápido. La banda se llamó Anesthesia.

¿Cómo fue el camino hasta llegar a grabar el primer disco con tu banda (Luego, cambios de formación mediante pasaría a llamarse Fun People) ?

El primer disco lo grabamos en el año 94. Imaginate del 89 , 5 años recién para grabar el disco. Hubo dos demos antes ( «Estoy a tu lado» y «Anabelle» ) alrededor del año 93. Cuando se grabó ese disco, de la primer formación de Anesthesia, hasta que grabamos ese disco, no quedaba ningun pibe. Los que empezaron a armar la banda con el tiempo, a medida que fueron creciendo, fueron perdiendo el interés en el estilo musical más que nada, y yo siempre quise tocar, al toque. Toqué la primera vez y dije: wow, ¡Está buenisimo! Entonces los chicos empezaron a crecer, empezaron a trabajar en trabajos que les demandaban más tiempo. Yo sacaba eso y entonces tenía tiempo más libre y estaba todo el día al pedo y con mis cosas. Y yo quería tocar entonces era: bueno vení vos a tocar la guitarra y así , hasta que en un momento empezamos a dar muchos conciertos entre el 91 y el 93 y al final casi todos los chicos eran de Campana: en un momento el guitarrista y el batero deciden no tocar más por trabajo. A mí ese mismo día me ofrecen para grabar 2 temas de un compilado. Le digo: todo bien pero no tengo banda! Estaba acá en el Parque Rivadavia, y justo estaba el Gato que tocaba en Culturas Perdidas la batería, y le digo si me hace la segunda para grabar y me dice que sí. Faltaba el violero, y le digo a un amigo de mi ex novia, otro chico más y nos juntamos y grabamos. Grabamos tan rápido que llegamos a grabar un tema más. Después dimos 2 o 3 shows que estaban pactados y antes de que salga este compilado a la calle, el tipo del sello me dice: queremos grabar un disco con vos. Yo le dije que no sabía que hacer, un pibe tenía una banda, el otro otra, no sabía que iba a pasar. Después hablé con el bajista Chuly y me dijo que le de para adelante y que intentemos grabar y así fue! Nos juntamos a grabar , a ensayar, dimos un par de recis más y así fue todo, sin pensar, con varios cambios en la formación de la banda y eso fue como un estigma con el que cargué desde muy chiquito: que por diversar razones fueron cambiando mis compañeros de banda. Ahora no por suerte con Boom Boom Kid estamos los mismos desde que arrancamos: El baterista Chelo y el bajista El Pelado, que me acompañan desde la última etapa de fun people, pero bueno también es cierto que no pueden viajar siempre, y en esas ocasiones toco con diferentes músicos, algunos amigos desde el año 89 y otros más recientes.

Desde aquella época lejana de tus comienzos con Fun People hasta el presente con tu proyecto actual Boom Boom Kid, ¿Crees que seguís siendo el mismo o que cambiaste en algunos aspectos?

Si obvio, uno va cambiando a medida que van creciendo, sería tonto si no . Igualmente sigo siendo el mismo en algunas cosas. Por ahí te transmito una cosa, por ahí te transmito otra.

¿Y respecto también al pasado, qué sentís cuando algunas personas te dicen que vuelvas a Fun People ? ¿ Te afecta en algún sentido? (Vicky pregunta)

No, no me afecta. La gente me puede decir lo que quiera. Si vamos caminando un un chabón me dice eso le diría bueno que buena memoria, como te acordás, nada, buena onda. O , gracias mató! Buenisimo. Porque significa que le gustó algo que hice en el pasado, está bueno. Ahora soy lo que soy, soy felíz así, está copado, y volver a eso no se puede ya, soy otra persona , otra cosa. Es como volver con una pareja anterior. Pero bueno a los seres humanos siempre nos gusta así la necrología viste, se muere alguien y ya está, todo el mundo escuchando, remeras, máscaras, porque ya es intocable viste? Uno puede amar con pasión que ya no se va a mandar ninguna cagada. Porque algunos dicen, no antes era más comprometido.. ¿Comprometido qué? Yo sigo siendo el mismo. Creo que Fun People hizo 99 canciones de amor, no tiene una puta canción de odio. Tiene canciones de baladas y todo, en el primer demo tiene una canción de balada con silbido. Creo que también es una cuestión de gusto y de que algunas personas, cuando van perdiendo su juventud, intentan rememorar, en este caso con Fun People, sus épocas cuando se sentían más libres y escuchaba Fun People, pero creo que no a todos les pasa así y a muchas personas ya no les va a pegar de la misma manera. Pero bueno que me puedan pasar factura está bien, el mundo es libre y cada uno puede opinar como quiera.

¿Cómo te sentís tocando en vivo? Comentanos tus experiencias.

Super! Es lo que más me gusta, tocar ! Obviamente hay lugares que me copan más que otros. Los escenarios o la manera en que lo armamos, o la gente, por ejemplo el viernes pasado tocamos en Mar del Plata en un lugar que es una Bibloteca Anarquista, y es un lugar con el que yo me siento más identificado y tengo amigos y todo. Lamentablemente en el pais no hay infraestructura para tocar en grande, organizada por gente que me recontra cope y con la que comparta ideas en común Pero puedo a veces agarrar la guitarra y darme el gusto de tocar en estos lugares aunque sean más pequeños. Si la hay en Europa por ejemplo, donde se organizan festivales en centros culturales. Aún acá no hay nada organizado. Hay lugares igual, está la Kasa de las Estrellas (La Boca) , pero es muy pequeña. Igualmente estamos contentos, venimos haciendo bastantes cosas sin apuro, obviamente aprendiendo siempre, porque yo puedo estar tocando desde el año 89 pero las cosas van cambiando día a día. Las prácticas que vos tenías para organizar un concierto, después de Cromañon, cambiaron las reglas. Todo el tiempo cambian. El domingo tocamos el Quilmes ( estábamos ahí acota Vicky y yo asiento ) ¿ Ah estaban ahi? (sonrisa) Bueno, y no pensábamos que iba a venir tanta gente, yo bueno estuve un toque en la puerta, después estaba esperando a unos amigos, pero después se nos fue de las manos porque no pensábamos que iban a venir tantas personas. La última vez que tocamos ahí no había nadie. Pero bueno, ahora vamos a tocar mañana y pasado, y trataremos de ir más temprano para ir viendo y lo que pasa también es que ya tenemos bandas que van a abrir para nosotros. Si la otra vez no hubiera tocado Pajarito Sagurí ( banda que abrió el recital en Quilmes) nosotros podríamos haber tocado dos veces y la gente se habría repartido más. Ahí ya no podíamos hacer más nada y es un bajón porque nosotros apreciamos a la gente que nos va a ver. Lo que no apreciamos es la gente que se queja de que nos hacen el aguante subiendo arriba del escenario , que que se yo, esta todo bien, el mosh está genial, pero ya me parece que esta un poco pasado de moda. Se descontrolan mucho viste. El otro día el pelado, el pelado tiene problemas en la columna, y vino un pibe y lo tiró. Osea flaco pará. Si venís y lo empujas así, el flaco está tocando música, vos tenés un problema. Hay gente que tiene problemas, pero tampoco lo vas a tirar al chabón. Si es que subís una vez, estás ahí, yo que sé, yo no soy quién, pero fijate loco. Se rompió un cable de un micrófono. Había un micrófono más, se cortaba, fue. ¿Y qué onda? Hay como una falta de conciencia ... que se yo, quizás porque somos las únicas personas que estamos intentando derribar esa barrera entre el músico y el tipo que te va a ver. Es dificil también cuando vos tocás y te vas. Yo a Quilmes volveré el año que viene capáz.

¿Tenés afinidad con alguna banda?

Tenemos afinidad con muchas bandas fuera de la Argentina. De acá con muy pocas. Creo que lamentablemente acá no existe una cultura de que : es un chabón que toca, ya está, si él toca yo puedo tocar. Esa película se la comen los pibes. Aún Cuando era más pendejo era aún más cabrón. Por ejemplo ,cuando me venían a pedir autógrafos los mandaba a la mierda. Después empezé a hacerles dibujos y aprovechaba para practicar. No me gusta practicar, con la banda tampoco, nunca ensayamos. Lo que ves ahí, cuando tocamos en vivo, es como una pintura que se hace en el momento. A veces cuando cambiamos de guitarrista entre uno y otro, por ejemplo este fin de semana toca Jackson que se va conmigo a EE.UU, y no estaba tocando con nosotros. Entonces ahí si ensayamos. Una vez , ya después ya está. Asi nos manejamos nosotros siempre.

En tus recitales has transmitido varias veces un mensaja hacia el público respecto a dejar atrás el pogo descontrolado del punk de los 70´s e inventar algo nuevo, ponerse a bailar. ¿Te da bronca cuando ves que esto no pasa? ¿Lo ignorás? ¿Cómo te lo tomás?

No, no me da bronca. Un poco sí me resbala. No se. Me gustaría que el mundo fuera diferente. Hoy es un día, que se yo, yo no creo en la justicia, porque para mí la justicia siempre esta del lado del que inventó este sistema, pero hoy es un día donde este tipo Astíz, va a estar preso. Esta bueno. Me encantó. Pero, a lo que venía con esto es que a mí me encantaría que el mundo fuera diferente, por eso a los pibes siempre les digo que inventen algo nuevo. Yo estoy en esa también, tratar de inventar. Esa onda de contagiar el cope de coparse en algo copado realmente . Ser copado, pero no copiado. Y en eso, ahí estoy. A mi me encanta por ejemplo lo que es volver para atrás. Qué pasó con la música atrás. De hecho lo que más escucho es música del pasado. 50´s, 60´s, 70´s, 80´s, 90´s no escucho mucho yo. Revisionismo, reviso, voy buscando viste. Es más, voy a traer a los Saicos, una banda de Perú a tocar acá y es una de las bandas que más me gustan. Quizás porque no me conmueve ninguna banda nueva,. A lo que voy es que, calentar no me calienta, osea me gustaría que fuera diferente. Mi parte de generar un cambio con eso es parar un recital, y decirle en mi concierto, a las personas que me vienen a ver, pero bueno cada uno hace lo que quiere. Yo jodo mucho en vivo eh, rompo las pelotas .."y bueno este es el último recital de Boom Boom Kid, ahora vamos a cambiar el nombre viste" (risas porque ya habíamos vivido o leído un momento semejante con Vicky) Para generar viste, para generar en la gente, un poco también para que vean que yo soy cualquier persona y que no se tomen lo que nosotros decimos como la verdad, es mi verdad y si la tomás genial, pero no que la tomes porque lo dicen Carlos, El Pelado, Marcelo y Jackson. Para sacar ese peso de que, uh lo que decimos nosotros es la posta, nose después vas al recital y decís : "Pero como era ¿Iban a cambiar el nombre ? Uh son unos mentirosos." Y sí (risas) Para generar ese tipo de cosas. O , "esta es la última canción que vamos a hacer " y todos uuuuuuuuuh (risas) . ¿Se quejan con nosotros loco? Vayan a quejarse a los que le suben los impuestos. (risas) Esa es la clásica nuestra. Viene el impuesto y decís: ¿Uh viste esto? Vas y pagás. No decís, la concha e tu hermana y le tirás la puerta abajo. Sino, es todo viste : hola que tal, yo digo todo lo que quieren escuchar (risas) y soy un entertainer.

Anteriormente nos hablaste de aquellas personas que son felices teniendo auto y un trabajo en una oficina, ¿Cómo ves eso? ¿Siempre trataste de esquivar el prototipo típico de la casa, el auto y la familia "feliz" ?

No, no es que lo esquivé, no lo busqué, no fue una meta mía de ser felíz. Obviamente uno quiere ir a dar un recital en EE.UU y necesito el dinero y un avión para que me lleve. No confundas. No nací para eso, mi meta no es esa, mi meta es otra. Esas personas que se quejan: uh me tengo que levantar mañana a las 7 de la mañana y 8 horas por día, pero si supuestamente es lo que vos querías, trabajar y tener una familia. Si a vos te rompe tanto las pelotas hacer eso bueno salí. Yo el único momento en que me metí en eso fue cuando necesitaba armar mi propio sello, y lo hice, entré y salí. Y después me dediqué a mis cosas y a mis tiempos. Podría ser más prolífico y sacar muchas más cosas pero soy muy vago. Tampoco manejo muy bien la cuestión de la distribución. Es un bajón esto que te voy a decir, porque capáz uno lee la nota y dice : uh yo quería comprar un disco. En Mar del Plata el dvd de Boom Boom Kid valía 60 mangos y acá valía 15. Claro, el dvd no tiene distribución y yo no manejo ese tema. Eso siempre me queda pendiente: la cuestión comercial. Es un embole aparte no me lo banco, y no tengo mucha paciencia. Me tengo que dedicar a otras cosas. Entonces por eso siempre hago una cosa, voy y la saco. ¿A se acaba? Bueno voy a la imprenta, vamos y lo sacamos. En 9, 10 años la mayoría de los discos los vendemos en los recis, pq no estan , no se consiguen en las grandes cadenas Musimundo, Yenny, y bueno, en un momento lo hice, pero estaba haciendo eso y me vi envuelto en algo que no se ¿ Y al final qué ? Pero bueno tampoco había nadie que lo haga, mis compañeros eran aún más vagos que yo y tampoco teníamos ningún sello que nos edite. A lo que voy es que no escape de nada, simplemente me dedique a las cosas que me gustaban hacer : a tocar, andar en patineta, pintar, ver a mis amigos, tener mis tiempos, tocar y escribir y eso es lo que hago, todo lo demás , yo nunca especulé de: uh ahora van a venir tantas personas, vamos a hacer esto, vamos a, de hecho podría haberlo hecho. El segundo disco podría haberlo lanzado globalmente, de hecho tardé en sacar un disco a todo el mundo, pero podría haber hecho las cosas de otra manera. Tampoco quería formar parte de una empresa, porque no me interesa, yo no quería trabajar para alguien. Yo me permito boicotear en muchos sentidos, y aunque no lo parezca, mi triunfo dentro del negocio de la música (risas) ¿No? Me dedico a ese tipo de cosas, hago cosas pero las hago de otra manera. Me gusta el camino que tomé, estoy felíz, estoy contento y no me canso ni nada. Esta copado y ya 40 años voy a cumplir el año que viene y la verdad que yo pensé que iba a estar muerto y estoy vivo y tocando y haciendo lo que me gusta ¿Qué más puedo pedir? No sé, no pensé que iba a vivir tanto tiempo. Haber sobrevivido a todos los bastardos esos que me pusieron trabas desde niño, por el solo hecho de haber nacido pobre, por feo o por haber ido a un colegio donde no estaban todos los libros que tenía que tener uno, o no estaban las condiciones para que uno se eduque, yo todas esas cosas las salté, las pasé. Bueno, ahora estoy en otra etapa. La etapa de evolucionar, de evolucionar en un ser superior. Que sería para mí un animal. Ya en el momento que estoy estoy tan felíz que a mi no me pueden matar ni las balas. Porque ya me siento realizado en muchos aspectos de mi vida, las cosas que puedo decir las digo, y me he generado todo un circuito paralelo contra todos los bastardos del comercio que me atacaban desde que yo era más pequeño. Podemos tocar en cualquier lugar, bajo nuestras condiciones ¿Entendés? Entonces estás hecho. Ciegamente se empezaron a abrir cosas, porque ponele, cuando yo era asi chiquitito pelié en manifestaciones directas para que no se haga lo que hoy es el Puerto Madero, que había una reserva natural. La mataron y pusieron edificios, lo cual es una masacre para nosotros, porque esos edificios que construyen ahí, paran el oxígeno y nosotros no podemos respirar. Pero bueno, sigo peleando hago funzines, hago canciones, me boicoteo, y bueno, me gustaría ser un animal, a veces de agua, de tierra del aire, o un ornitorrinco que es lo más parecido a todas esas cosas. Ese quiero ser. Estoy esperando el momento. No le tengo miedo ni a la muerte, porque se que va a ser algo, una motivación incluso más superior, por lo menos creo eso. Osea el día de mi muerte lo voy a festejar. No me lloren (risas muchas)

¿Estos pensamientos respecto a evolucionar en un animal, a que se deben? ¿ Se relacionan con alguna experiencia? ¿Siempre pensaste de esa forma?

Sí siempre me atrajeron los animales. Siempre los admiré. Cuando tuve poder de decisión, tuve la convicción de decir: no, hasta acá, no quiero matar más para comer, lo hice radicalmente y contra todo, contra el núcleo de mi familia, contra mi mundo. Siempre los admiré y los sigo admirando.

Me acordé de una cosa muy graciosa. El momento cuando fuiste al programa del Bebe Contepomi , no se si te acordás hace un tiempo ( risas de Vicky y mías ) que se pegó con el frisbee en la cabeza...

¿Él? (exclama sorprendido el Kid)

Sí, le revolearon el frisbee y decía que era el campeón del frisbee, y se quería matar, estabas presentando el disco Frisbee.

Ahhhh! Uhhhh no me acuerdo de eso! (exclama con tono aniñado) Igual se copo que nos hizo la nota. A veces esta bueno eso. Bueno pero te hizo pasar un buen momento te hizo reir ( risas ) Que te haga reir la televisión..


¿Cómo fue la experiencia de telonear a los Bad Religion ? ( Boom Boom Kid tocó de telonero el 8 de octubre en su recital en nuestro país)


Bien que se yo. Los pibes del lugar donde tocaron son amigos nuestros, son los pibes de Groove con los que hicimos cosas, y los muchachos que traían a la banda acá son viejos conocidos del ambiente , y entonces se daba todo como: sí, dale. Y mataba porque también nos dieron un montón de publicidad y promoción y bueno, la invitación vino así y por eso tocamos. De hecho no nos pagaron, tocamos. Ni siquiera probamos sonido. Solamente probaron sonido Bad Religion y la banda que tocó primera. Está bien, no es una queja, simplemente, nosotros tenemos algunas concepciones y ellos también , por ejemplo, yo quería tirarme con la tabla de surf, y me dijeron: no , pará, trajeron a un tipo de la municipalidad (risas) Nos pusimos de acuerdo en un montón de cosas y también queríamos probarnos nosotros 4 tocando ante un público al que no le interesaba para nada ver Boom Boom Kid, y esta bueno, era como meterse contra una ola sarpada. Pero no por la reacción que le podamos hacer a ellos sino nosotros, lo que nos generan ellos a nosotros. Comer un pedazo de carne en un restaurant vegetariano. Como nada que ver nos parecía. Genera una adrenalina, de hijo de puta que somos, pero nos generaba eso, adrenalina de tirarte en skate por una barranca, o tirarte de un 5to piso a una pileta. Es lo mismo. Dale, hagamoslo. Dale vamos. Prrrrroom. Encima había publicidad, sonido lo mejor que podamos, invitamos a un montón de amigos, subimos como 30 pibes amigos en el offstage, era como una reunión de amigos, teníamos comida, para beber. Si decíamos que no eramos unos tontos. Así que los que estábamos estuvo bueno, la pasamos bomba y super groso. Después Bad Religion no es una banda que me llame, que me conmueva. Algunas canciones me gustan pero nunca fue una banda mía de cabecera. Cuando salió el disco Anesthesia con Fun People decíamos que eramos hardcore melódico. Si lo escuchás nunca fue harcore melódico. Y bue, tipo Bad Religion. Pasa que tenían que ponerle algo, había que vender de alguna manera. Nosotros siempre fuimos más más Slayer. Pero bueno a mí nunca me gusta tocar con las bandas que me gustan mucho. En el sentido así que me gustan de muy chiquito. Por ejemplo con Slayer no tocaría. Me parece como muy sagrado meterme en una cosa así. Una vez me ofrecieron hacer un show con Morrisey. Yo no quería ni conocerlo. Porque con la música me hizo pasar cosas re copadas y capáz lo conozco personalmente y me parece un tarado. Me paso muchas veces, sacarle discos a personas que yo admiraba mucho y de repente terminaron siendo unos pelotudos. Entonces, paso. Por eso tampoco tocamos mucho. Fijate que las mayoría de las bandas que abren siempre para otras son las que estan dentro y las que están vendidos completamente hasta el culo.

¿Tenés algún show programado para estos días?

Sí, vamos a tocar el 25 de diciembre en Groove y espero que pueda abrir Daniela, que es una amiga mía, que es una escritora, una poeta y performer que con su pajera hacen una performer sarpada recitando poesía. Es muy fuerte. Es lo que para mí es lo más parecido al punk rock, sin batería sin guitarra y sin bajo. Es muy bueno. Esperemos que abra para nosotros. Y bueno, ahí va la bocha.





(Esta es la entrevista con Carlos Rodriguez al natural, sin edición ni correción. Proximamente saldrá publicada en la revista Alrededores www.alrededoresweb.com.ar y allí la leerán en correcta forma y edición. Antes, me tomo el atrevimiento de subirla en crudo, cosa que ningún "periodista de manual" hace, pero que yo intento esquivar los cánones tradicionales y simplemente hacer lo que sienta, lo que tenga ganas, y lo que quería era compartir con el mundo, o con quien quiera leerla, la nota en sus condiciones desnundas, como surgió y fluyó entre Carlos, Vicky y yo. La foto es de Vicky también. Te amo chanchu ♥ este es su flickr para los que quieran seguir contemplando su arte ♥ www.flickr.com/onthewildside)

lunes, 7 de noviembre de 2011

Nunca me gustó el mar (Escapes, Miradas, cigarrillos)



Nunca me gustó el mar. Siempre lo vi como una enorme masa amorfa que me impedía la visión hacia un horizonte desconocido. Siempre me rehusaba a ir allí, desde chiquito. Recuerdo como mi madre insistía una y otra vez para que nos fuéramos de veraneo a la costa y yo lloraba, gritaba y pataleaba. creo que antes de haber pisado la arena por primera vez. Cuando realmente me topé con ese gigante acuático y sus necias olas me sentí asfixiado. Como un preso que no tiene más ventanas que las rendijas de su celda por donde se escabullen tímidos los rayos del sol. Me resultaba inquietante su presencia. Ni siquiera consideremos la posibilidad de ingresar en aquel universo embrabecido. Me daba pánico. Nunca lo hice.
Se me viene a la mente la figura de mi padre al recordar aquellos tortuosos veranos. Un tipo distante y lejano, que casi nunca hablaba, pero que con una simple mirada se hacía entender. A través de este mecanismo, leyendo sus ojos, comprendí que pensaba igual que yo respecto al mar. Mientras temblaba de frío, envuelto con una toalla y rogándole a mi madre que por favor saliéramos de aquel infierno, mi padre se recostaba en la arena sereno y contemplaba las olas. Se quedaba así horas. Yo podía sentir al verlo que deseaba llegar a esa inmensidad inquebrantable que el mar ocultaba. En su rostro se apreciaba un inmenseo deseo de escape, de abrir sus alas y apartarse de todo lo mundano y corriente. Siempre supe que algún día se alejaría de mi y de mi madre buscando ese panorama invisible y lo comprendía.

Nunca me gustó el mar. Supongo que también producto de esa pasión incomprensible que despertaba en mi madre. Nuestra casa estaba ornamentada de pies a cabeza con fotos, cuadros, artesanías, esculturas y demás artefactos que remitían al mar. Era una odisea atravesar cada día los inmensos caracoles que colgaban del techo del pasillo, pero con el tiempo fue una tarea que pude dominar. También era una mujer de muy mal caracter. Una vez discutiendo con mi padre, no recuerdo porque razón ya que mi padre casi nunca hablaba, le revoleó una taza en un brote psicótico dispuesta a reventarle la cara. De milagro logró esquivarla. Estas peleas eran muy frecuentes, como también lo eran sus finales: mi madre partiendo rumbo al bingo, portazo mediante, y mi padre viniendo a acariciarme la cabeza y mirándome como diciendo: no pasa nada.
A mis 11 años fue el último verano que fuimos los tres a la costa. Luego ya iríamos solo mi madre y yo hasta que pronto, dejamos de hacerlo. Ese verano mis berrinches por no ir habían sido más que frenéticos, tanto que mi madre casi me da una de las pastillas que tomaba, según ella, para «dormir tranquila». Finalmente recapaticé y decidí acceder, más que nada por mi padre, que lo notaba algo cansado de la situación. Luego entendería que aquel gesto fue una premonición. Una señal de alerta que mi madre no supo leer.
Ya en la playa, en uno de nuestros últimos días, papá se levantó de su lugar de siempre y me miró. Fue extraño, ya que generalmente no despegaba su vista del mar. Vi en sus ojos un claro mensaje de despedida. Mi madre, atrapada en sus revistas de la salud y con sus walkmans puestos jamás se percató de la situación. Mi padre comenzó a dirigirse rumbo a ese titán de aguas verdes que yo tanto detestaba. Por supuesto que yo ya conocía sus intenciones. Comenzó a introducirse mar adentro, con una destreza que nunca antes había visto. Avanzó varios metros hasta que en unos pocos minutos, pasó a ser un punto diminuto en una inmensa masa de agua, y luego, lo perdí de vista.
Pasados 20 minutos, mi madre se percató de que mi papa ya no estaba sentado donde siempre lo hacía. Se acercó a mi y me preguntó si sabía a donde se había ido. En mi mente yo sabía la respuesta pero decidí jugarle una broma para vengarme de tantos veranos arruinados y tanto martirio. Fue a comprar cigarrillos má. Ya viene.
En ese momento mi madre me creyó, pero luego, al pasar las horas comenzó a sospechar. Por supuesto que mi padre jamás regresó. Yo sabía que lo que él había anhelado desde siempre era romper las cadenas que lo ataban y quebrar la prisión que encarnaba ese mar verdugo, para alcanzar así la inmensidad infinita y vírgen. Estaba seguro de que mi papá había tenido éxito en su misión.
Al pasar el tiempo mi madre se fue olvidando de todo lo que fue papá, y dejó de preguntarse porque se había ido y a donde. Simplemente lo borró de su memoria. Yo jamás dejé de tenerlo presente y a lo largo de mi vida mantuve mis inquietudes acerca de aquella lejana galaxia resguardada por las olas, que solo se hace presente ante los valientes como mi padre. A los que se atrevan a franquear su impenetrable muralla.

Nunca me gustó el mar, pero hoy en día tengo dos hijos y a ellos les encanta. Estoy casado hace ya tiempo y cada vez que volvemos a la playa veo repetirse la misma historia que vivía mi padre años atrás. Mis hijos correteaban felices por la playa y no sufrían , apretujados con una toalla como solía hacerlo yo a su edad. Mi mujer, una bruja peor que mi madre, se recostaba al sol por horas y hasta no obtener el tono camarón número 10 no se levantaba. Yo me sentaba cerca de ellos pero apartado, flexionaba mis rodillas, las envolvía con mis brazos y contemplaba a mi mayor miedo. Mi prisión, mi tortura , y al mismo tiempo, mi desafío. Esa mole diseñada quién sabe por que bestia infernal, dispuesta a negarme el paso a la eternidad hasta la últimas consecuencias. Algunos me dirán que soy un monstruo por querer escapar de mi familia pero la verdad que la vida que llevo hoy en día no me despierta la más mínima satisfacción. Además imaginaba de manera constante a mi padre, en vuelo rumbo a la libertad más absoluta, descubriendo paraísos inimaginables para las mentes humanas y volviéndose uno con el espíritu de un todo supremo.
De pronto las tribulaciones en mi cabeza fueron demasiadas. Decidí respirar profundo y dejar que escapenm. Me levanté de mi lugar en la arena y en ese trajín escucho la voz de mi esposa, tan dulce como siempre: ¿ Qué pasa? ¿A dónde vas?
-Nada mi amor. Voy a comprar cigarrillos. Ya vuelvo.

lunes, 24 de octubre de 2011

Conexión Instantánea



Soy una especie de portal. Si, eso es lo que soy. No se bien quién fue la persona que me fabricó, pero mediante complejos mecanismos y fuerzas más allá de lo perceptible, soy capaz de abrir puertas hacia diversos mundos. Puedo conducirte facilmente a la satisfacción infinita, como así también al tedio y al sufrimiento más abrumador.
Nací con cuerpo plástico, aunque en ocasiones poseo algunas alteraciones metálicas o de otros materiales igualmente macizos.
Mi vida se baza en conectar diversos mundos entre sí. Algunos seres me toman como operador de diversos artilugios sumamente complejos, pero yo trato de no alejarme de la función para la cual fui creado.
Alrededor de mi cuerpo poseo toda clase de protuberancias de distinta forma y color. Mediante estas, casi como un ilusionista, desarrollo mi arte. Entrelazo animales, hombres, máquinas, mentiras, verdades, vulgaridades y discursos en diferentes micro-mundos.
Mi familia es muy numerosa. tengo hermanos de toda forma, raza y color diseminados en los más recónditas partes del mundo. Ellos si accedieron a la tarea, para mi deshonrosa, de operar diversas máquinas y aparatos humanos. Me parece que no estamos hechos para eso. Debemos conectar, ya que esa es nuestra misión por sobre todas las cosas. Usted pide y yo concedo. Solicita una galaxia, y yo lo teletransporto casi al instante. Conectar, enlazar. Comunicar.
Del paraíso más culto al tugurio más vulgar. Muchos me critican y dicen que los envío a lugares horrigles que pudren sus mentes. Esa no es mi responsabilidad, les digo. Los lugares están, solo debe decidir de la forma que usted considera más óptima. Yo solo soy la estación donde usted observa los diferentes recorridos, saca su pasaje y emprende su viaje.
Un recepcionista de un hotel temático, quién lo aconseja y le otorga la suit que más sea de su agrado. Disfrute su estadía, y al estrechar su mano, usted ya estará gozando de los beneficios de su elección. O sufriendo, por haber tomado un camino del cual se arrepentirá por siempre. Ese ya no es problema mío. Yo solo lo conduje hasta la puerta.

lunes, 17 de octubre de 2011

La evolución.



Época de elecciones. La descalificación y las malas yerbas abundan. Viejos muertos resucitan y salen vociferando de sus oxidados cajones reclamando seguridad, orden y prometiendo honestidad. ¿Vos te comprás ese buzón? Yo no. Como tampoco compro aquel que se autoproclama nacional, popular, progresista, revolucionario, honesto y limpio de represión cuando al mismo tiempo emanan de entre sus huestes hechos de corrupción, escándalos en materias de DD HH, espectáculos prostibularios, cruda represión en manifestaciones, expropiaciones abismales con tremendas consecuencias en nuestra tierra, negociados y demás ilícitos. Esta pata de la mesa, que hoy por hoy es la que encabeza el juego de la “organización” burocrático-legal de la Argentina, nos cuenta relatos tan disímiles a lo que uno observa en el día a día que se destiñen por si solos. Ojo! Hay cosas que se consiguieron que podrían ser positivas, pero con severos controles, por ejemplo, subsidios a entidades de DD HH, un Ministerio de Ciencia y Tecnología eficiente, una ANSES en regla, un INADI como la gente ( y no un “ como la gente “ ladino, sino uno sencillo y claro)

Por eso creo en que se debería construir sobre los cimientos que, pese a que la mayoría de las cosas están contaminadas y ennegrecidas con corrupción y dobles mensajes, pueden ser limpiadas y reconstituidas si existe la voluntad política. No creo en aquellos que pretenden barrer con todo lo construido en los últimos 8 años porque todo “está mal” y empezar de nuevo, porque creo que existen logros positivos, como por ejemplo el matrimonio igualitario, la ley de glaciares, que van más allá del gobierno de turno. También últimamente debo confesar que sufro de un agudo cuadro de “descreimiento por la política” algo temprano, ya que cuento con escasos 20 años. Pienso también que se ha acrecentado por los tiempos que corren en los que solo veo políticos que prometen preocuparse por los humildes o por achicar la brecha entre ricos y pobres, y luego los vemos montando ostentosas ferraris y codeándose con el stablishment económico.

A modo de conclusión, opino que los verdaderos cambios para transformar este crudísima realidad que vivimos hace ya siglos, va más allá de quien gane una elección o de alguna nueva ley. Debe surgir de cada una de las personas, en su cultura, sus percepciones y sus maneras de ver, y allí no podemos interferir. Este escrito no tiene la intención de convencer, bajo la proclama de pertenecer a cierta “vanguardia iluminada”, sino más bien de invitar a la reflexión. Si usamos la palabra política, usémosla en el sentido de la meditación respecto a cuestiones sociales, cotidianas y sensibles al pueblo, y no a discusiones partidistas o en términos de partidos de izquierda o derecha, cuando bien sabemos que esto no es real. Todo aquel que se encamine al Congreso hoy por hoy, salvo raras excepciones, son más de derecha que la derecha misma. Tampoco digo que las ideologías hayan muerto, sino que la discusión, a mi entender, está mal planteada.

La izquierda no está en un frente, sino en querer ir por detrás. Por detrás del orden, de lo cotidiano, de lo injusto, de lo corrupto y de lo falso. Esos pensamientos, salgan de la persona que sea, los saludaré.

Insisto en que no podemos inmiscuirnos en las cabezas humanas. Ellas deben decidir si quieren arriesgarse a intentar algo nuevo, o prefieren agachar la cabeza y seguir con lo mismo. Esto ya no pasa por votar o por agarrar un fusil y hacer la Revolución. Los tiempos, mal que le pese a muchos, han cambiado. Hoy por hoy yo hablaría de una evolución, voluntaria, consciente, comprometida y radical. Dejando atrás preconceptos y formas de percibir el mundo que poseemos todos y cada uno de los habitantes de este planeta en muchos aspectos. Tantos que escapan de las discusiones políticas.

Al menos espero despabilar algunas conciencias con este texto. No convencerlos, por lo menos provocar que piensen en mis palabras, que las insulten, las desprecien o que las valoren, las reflexionen y que los perturben. Despertar aunque sea una mínima sensación. Es mi mayor deseo.

Pablo Díaz Marenghi. Buenos Aires, Capital Federal, Haedo, 3/8/2011.

jueves, 29 de septiembre de 2011

¿ Una Buena Noticia ?


En el ojal del saco le colgaba una flor marchita, seca, triste. El papel decía: 9:30, oncología, quinto piso. La impaciencia reinaba, preciosa ella, altiva y solitaria, en la ruleta de sentimientos de Manuel. Él era un empleados más de una enorme cadena de supermercados. Era un número, un pobre tipo con una vida rutinaria sin amor, sin amigos, familiares, nada.
Su única compañía era un pez dorado que tenía en una pequeña pecera en el comedor llamado Bobby. Sí, Bobby, porque decía que le hacía acordar al perro que tenía su abuela. En fin, el punto es otro. Aquella mañana, Manuel apretujaba el papel ,donde estaba escrito su turno, convertido en una bola de nervios.
En aquel momento rebalsaba de miedo. Es lógico. Cualquier persona a la que la encomiendan rumbo al oncólogo a examinarse un sospechoso bulto pasaría por las mismas sensaciones. Comenzó a pensar en que tal vez, la muerte le estaría ofreciendo una salida fácil a su triste vida. Comenzó a pensar que, en realidad, no debería estar nervioso, ya que, al fin y al cabo, no tenía nada que perder. Una esposa bella y fiel que le guardase luto, una familia que lo extrañe, amigos de los que despedirse, hijos que lloren su partida. Nada.
Comenzó a fantasear con la posibilidad de tener un cáncer terminal, e incluso empezó a verlo con buenos ojos. Ya se imaginaba el momento en que lo llamasen: Anchorena, diría la recepcionista con esa voz aguda como de corneta de murga. Siempre odió su apellido porque le recordaba a la oligarquía que tanto despreció durante toda su vida. Avanzaría por el pasillo, estrecharía con fuerza la mano del doctor, y escucharía el veredicto final. Malas noticias Anchorena. Al instante sonreiría.
Luego de aquella estrambótica visión, se preguntó si alguna vez había sido feliz, si en algún momento había tenido una idea, un proyecto, una meta distinta a la de convertirse en el amargado y rancio cajero que era hoy. Se acordó de cuando tenía 18 y recién salido de la escuela secundaria se decidió por estudiar arquitectura. Soñaba con crear enormes rascacielos y casas de una estética única. También amaba el arte en todas sus facetas, así que se había anotado en un tallercito de pintura los sábados, uno de literatura los jueves y uno de guión cinematográfico los lunes. Recordaba aquella vida vertiginosa que llevaba rodeado de planos, maquetas, pinceles, biromes, hojas escritas y borroneadas, pomos de óleo arrugados por el uso, pilas de películas en VHS que veía y desmenuzaba de arriba abajo. Lo único que no tenía era tiempo. Recuerda que a duras penas las veinticuatro horas del día se le acomodaban para encastrar en ellas sus múltiples actividades. No, no puedo, tengo curso de pintura a las 5 era una de sus frases de cabecera.
Se cuestionó respecto a cómo, de qué manera la vida lo fue llevando desde un adolescente multifacético y emprendedor de docenas de proyecto, a un cansino señorón de cincuenta, solitario y sin mayor objetivo que apretujar el sueldo lo más que se pueda para llegar a fin de mes.
De pronto, su viaje había terminado. Agotado después de semejantes recorridos mentales, ya con la idea clara de que su vida no tenía sentido, volvió a aquel asiento de la sala de espera del área de oncología. Anchorena. Ahora sí era enserio y no producto de su imaginación. Esta vez, la voz chillona de la recepcionista retumbó en la pequeña habitación, despertando a algunos pacientes semidormidos.
Manuel avanzó, sereno y decidido a través del pasillo. Ya no tenía miedo. Aguardaba con ansias la confesión del doctor. Especulaba con todo tipo de cánceres, desde los más comunes, pulmón, páncreas, próstata, colon, hasta posibilidades extrañísimas como cáncer de tráquea ramificado hasta el vientre, cáncer de tímpano y demás trivialidades.
Manuel Anchorena entró al consultorio del oncólogo, lo saludó apretando su mano con firmeza y mirándolo a los ojos siempre, como le habían enseñado de chico.
Tome asiento, dijo el doctor con voz ronca. Manuel no aguantaba más. Mientras el doctor acomodaba unos estudios, en su mente revivía al pintor, al arquitecto, al escritor y al cineasta que tenía muertos y encolumnados en su morgue interna. Los hacía plasmar, en sus propias vertientes del arte, los distintos caminos que lo podrían conducir a la muerte. Todos ellos tenía un punto en común: una sonrisa en su rostro. Finalmente el doctor de voz ronca se decidió a hablar.
Buenas noticias Anchorena! Dijo con un tono frenético, casi infantil. No tiene nada hombre! Falsa alarma! Igualmente lo tenemos que operar, pero era una simple bolita de grasa, nada grave! No tiene cáncer Anchorena!
Manuel, con el rostro atónito y más rígido que el mármol, no emitía sonido.
¿Qué le pasa Anchorena? ¿No está contento? Va a poder seguir con su vida feliz y plena, ¿No es maravilloso?
Manuel aún no contestaba.
¡Qué bueno! Seguía graznando el doctor. Me imagino a todos los que irá a saludar ahora, a contarles la buena nueva. ¿No es así? ¿Anchorena que le pasa? ¿Lo dejé mudo?
Manuel volvió en sí. Sí doctor perdóneme. Es cierto, gracias, si, dijo titubeando, tengo que contárselo a todos. No sé por dónde empezar.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Elecciones



*La siguiente historia esta basada en hechos reales:

En épocas de elecciones todo cambia. Cuando tenemos que decidir, ya sean cuestiones trascendentales como irrelevantes, vivimos el momento como si se tratase de algo crucial. Ya sea serenos como nervioso, nuestros pelos se erizan, la piel se nos contrae y las neuronas nos revientan.

En la decisión de hoy, reina el revuelo, la indiferencia, la agresividad, la confrontación y la duda. Por los muros de la izquierda, plagados de pintura vieja y soviética, conviven diversos sectores en una sola facción. Sin embargo, son los únicos que prometen un quehacer autónomo, crítico y sensato.

Rodeándolo todo, con rostros sonrientes y rebosantes de jet-set, la crispación va en aumento. Parece que se encaminan hacia una segura victoria.

Por último, saltarines y heterogéneos, conviven un grupo de minorías de lo más diversas. Algunas prometedoras, otras terroríficas, pero que aún no pueden construir una espacialidad tan sólida como los grupejos anteriores.

Todos combaten, todos gritan, todos succionan y sobrecargan la vista pero nadie habla. Contaminación visual, auditiva, sensorial. Tolerancia cero.

Al final ¿Seremos tan reflexivos como tanto nos glorificamos? ¿Habremos aprendido algo de aquellas lecciones del pasado que tanto nos refregamos VOX POPULI que nunca más sucederán? ¿Realmente observo el panorama con ojos sabios o soy uno más de aquellos parlantes de pasillo?

Disculpen, hay elecciones en mi facultad y es así como siempre me pongo.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Retratos de un niño sometido


Mi padre era un gusano .Un mal nacido insignificante, arrastrado, pegajoso. Era de esas personas fáciles de caer en el olvido. El típico blanco de cargadas en el trabajo. Era un tipo bajito y retacón, pelado, con anteojos gruesos y mirada perdida. Gordo y con el traje maltrecho ya desbordado de parches. Un fulano mediocre y sin embargo, aún con aquellas características, el desquiciado se las ingeniaba para someterme día tras día a lo largo de toda mi vida. El método de castigo elegido: el piano. Ubicado de manera estratégica en la esquina del enorme comedor que teníamos en casa, arruinaba mi existencia hace ya diez tediosos años. Practicaba por horas hasta el hartazgo! –Hasta que no sepas los conciertos 1 y 2 de Thaikovsky de manera perfecta no podrás ver la televisión! Me dominaba de manera feudal, a gusto y piacere. Si no cumplía con sus dictatoriales mandatos, todo lujo, todo ápice de diversión, se me era negado. Yo no podía comprender como un ser tan energúmeno como mi padre lograba ejercer autoridad ante mí, teniendo en cuenta además que no soy un joven de 14 años como todos los demás. En la escuela era el más respetado. Si si, mi voz era palabra santa. Todos cumplían con mis pedidos e incluso mis órdenes. Es más, me temian. Sabían que si no conseguía lo que quería podrían pagar muy caras consecuencias. Pero que no se entienda mal, tampoco habría llegado a mayores. No era un psicópata. Era un simple adolescente, ni más ni menos.
No lograba entender como aquel engendro putrefacto dominaba tanto mi vida!! Cada año que pasaba detestaba más aquel instrumento demoníaco! Cada resoplido melódico que lograba arrancarle era un breve instante de libertad. Y su voz ¡Hay ese espantoso sonido! El timbre de voz de mi padre, chirriante y agudo, era una de las cosas más insoportables que había oído. -¿A eso le llamas solfeo? Practica más, quiero escucharlo sin ningún error. Su vocecita chillona penetraba rampante, como una delgada ráfaga de viento, por entre mis oídos.
Así pasaron los días, meses, años que ni siquiera logré percibir de tantas horas que pasaba emplazado en el banquito del piano. Solfeos, melodías, escalas, Mozart, Bach, Schubert, más solfeos, más escalas, más melodías, más Bach. El piano era una especie de pulpo, que le permitía a la rata de mi padre, envolverme en sus tentáculos y apresarme con firmeza.
Hasta que un día me cansé. Soy humano, supongo que todos tenemos un límite. Me dije a mi mismo: -mi padre no va a volver a dominarme. No doy más. Hoy va a ser el último día. Voy a ser fuerte y voy a terminar con todo este calvario. Aquella tarde mi padre apiló decenas de partituras en un costado del piano para que las ensaye. Al verlas lo llamé y le dije: Padre, ¿Quieres sentarte junto a mí mientras practico? Quería cambiar un poco las cosas por esta vez, ya que siempre me dejas ensayando solo. A mi padre pareció agradarle la idea. O por supuesto hijo, enseguida me siento a tu lado. Espero que no hagas ladrar al piano como el otro día eh! Mi padre tomó asiento en una banqueta junto a mí, y yo comencé a desplegar con magistral soltura el concierto número 2 en Do mayor de Rachmanivov. El bruto de mi padre estaba fascinado, con sus ojos cerrados y moviendo la cabeza como si estuviese en una especie de transe. En aquel momento, mientras hacía sonar las teclas de forma brillante, recordé la promesa que me había hecho a mí mismo esa tarde. Al ver sus ojos cerrados, el meneo de su cabeza y su espantosa sonrisita, me dio tanto asco que no lo soporté más. PLAF!! El golpe retumbó en toda el comedor, por no decir toda la casa. Las teclas del piano se mancharon de pinceladas de sangre. Mi padre yacía en el suelo, con los labios partidos, la mandíbula hinchada y el rostro desencajado. –Que … que … quee.. La conmoción fue tan potente y repentina que lo había dejado KO, solo podía balbucear esbozos de palabras. -Por fin se invirtieron los roles-pensé. ¿Te encanta verme tocar verdad? ¿Verme sufrir y transpirar día a día no? Quedate tranquilo, de ahora en más, siempre vas a estar bien cerca. Cada vez que toque estarás allí. Para siempre. Te lo prometo. Más cerca de lo que imaginás.
20 años ya pasaron de la desaparición de mi padre. El caso tomó un gran revuelo mediático. Todos se impresionaron de que yo, con tan corta edad 14 años, ni siquiera me haya inmutado al darlo por desaparecido. -Debe ser porque todavía es chico decían. Por lo pronto, quién sabe obra del destino quizás, me convertí en un pianista mundialmente exitoso. Tengo que reconocer que le tomé cariño al instrumento. Y a mi padre, que luego de todo aquel revuelo, admito que aprendí a aceptarlo e incluso a quererlo. Después de todo fue gracias a él que hoy soy lo que soy. Me alegra además saber que cuento con su compañía permanente. En cada concierto que doy, en cualquier parte del mundo, sé que mi padre se hará presente. Ahí estará, y en “primera fila”. El no desapareció, está siempre conmigo y yo siempre lo supe, siempre supe el verdadero lugar en donde se hayaba, pero jamás lo revelé. No lo hice porque todos iban a ser unos mal pensados y a creer cualquier cosa. Lo repito, no soy un psicópata ni jamás lo fui. La única verdad era que mi padre quería una mejor ubicación para oír mis interpretaciones y yo lo ayudé, le brinde la más óptima, la más perfecta y única. Allí se encuentra, oyendo como el sonido es provocado por cada tecla al unísono y en su conjunto. Tecla a tecla, golpeteo por golpeteo, juntas, separadas. Mi padre oye todo desde su ubicación y mejor que nadie, en la más perpetúa soledad y sin que nadie lo perturbe. Sólo, calmo, resguardado, donde me muevo, él se mueve. Donde se mueve mi piano, él se mueve.

Asfixia


El hecho que voy a narrarles ocurrió hace no más de una semana. Me creerán dichoso por seguir vivo después de escuchar mi espeluznante relato. Pero, yo les aseguraría que el estado en el que actualmente me encuentro no podría jamás considerarse vida o algo similar. Sin más preámbulos, me remito a los hechos en cuestión.
Estaba yo sentado en el andén de la estación Once del ferrocarril Sarmiento. Hasta ese momento, todo era normal, yo diría que en demasía. Tomo el tren todos los días a la misma hora al salir de mi trabajo pero les juro que aquella vez, ya comenzaba a gestarse algo diferente, inusual, inquietante. El aire a penas se podía respirar. Se me dificultaba tragarlo. Una calma poco habitual en ese horario reinaba, convirtiendo al andén casi en un altar de Iglesia, cautivo del más sepulcral de los silencios. El cielo corrompido por la noche arremetía contra la tarde furtiva. Las personas a mi alrededor también portaban un aura de misterio. Nadie hablaba. Ninguno emitía sonido. Y eso que el andén estaba repleto. Sí, la quietud era solo perceptible allí mismo, ya que cualquier ser ajeno a la situación, con solo ver la foto de aquel entonces, habría imaginado el más desmesurado desorden. –Qué raro. Pensaba para mis adentros. El silencio podría haberse cortado con una navaja de tan denso que era.
Poco después el tren arribó, repleto como de costumbre, al andén número 4 donde me encontraba. Acto seguido, se desató lo que para mí ya se había convertido en rutina, pero que no por esto dejaba de sorprenderme. Una batalla descarnada se inició entre las personas que intentaban escabullirse de esa hojalata llamada vagón, y aquellos que a puño limpio se abalanzaban en busca del preciado asiento, como si fuesen campesinos abriendo camino entre la maleza a machetazos.
Un amable y robusto señor, gordo bueno dirán algunos, me ayudó a subir al tren sirviéndome su enorme porte cuasi de escudo romano. Había logrado sobrevivir una vez más a semejante contienda. –Otro tranquilo retorno a casa, Pensé. Jamás creí que aquel aire, esa bruma espesa y tétrica que sentía en el andén, aún perduraría dentro del vagón. Pues, de hecho allí estaba. Las personas dialogaban, pero de forma escasa. Unas pocas palabras surcaban perdidas como mensajes arrojados al mar. Todo me resultaba extraño por demás, pero intentaba pensar que eran delirios productos de una ardua jornada de trabajo y no más que eso. Me apoye contra un poste de metal helado y comencé a contar las paradas, para matar el. Caballito, Flores, Floresta…iban pasando como fichas de dominó que caen en hilera uno tras otro. Al mismo tiempo, el tren se cargaba en cada parada. Villa Luro, Liniers, Ciudadela…ya casi no había espacio alguno. Si antes el aire era difícil de digerir, en esos momentos ya lo sentía como si fuera agua y el tren un océano en el cual debía contener mi respiración lo más que pudiese hasta salir a la superficie. Ramos Mejía… al llegar se encendió una alarma en mi mente. Me encontraba a varios metros de la puerta, prisionero entre veintenas de cuerpos que cercaban mi ruta de escape lejos de esta asfixiante atmósfera. Debía bajar en la próxima parada, y el final de mi viaje era realmente incierto. Entré en pánico. Tomé coraje y comencé a bracear contra la corriente de humanos que impedían mi paso. Preso de un total ahogo, con escaso aire en mis pulmones, logré colocarme frente a la puerta que me conduciría hacia mi salvación: Haedo, la estación donde debía descender de aquel tren fantasma.
La oxidada máquina se detuvo de manera pesada y brusca soltando toda una serie de chirridos. Junto a mí, dos señoras de bastantes años se encolumnaron a mi lado, supuse que con las mismas intenciones que las mías. En aquel momento sentí que mi mente se apagó. Cualquier pensamiento que antes pude haber dibujado en mi cabeza se evaporó, todo se desconectó de allí. Pensé que el mundo, Dios, o quién sea que maneja los hilos del destino se había complotado en mi contra, para convertir mi retorno en una de mis peores pesadillas. El tren como paró, volvió a arrancar, y ahora a mayor velocidad que nunca. Jamás abrió ninguna de sus puertas. Las personas comenzaron a desesperarse, golpeaban las paredes del vagón con inusitada furia. Yo habría reaccionado igual, de no ser porque había quedado totalmente paralizado, incrédulo de lo que estaba sucediendo. –Podría ser un tren rápido y jamás avisaron. Esas cosas pasan. Pensé para tranquilizarme. Sin embargo, al llegar a la próxima estación ocurrió lo mismo. Y lo mismo, y lo mismo, y lo mismo.
El tren estaba próximo a llegar a Moreno, la última de las estaciones del servicio regular. Todos se encontraban presos de la más colérica ira, junto con un espanto de película. Se oían gritos en cada rincón del tren, golpes, desesperación. Yo seguía atornillado al suelo, frente a la puerta, en igual posición que minutos antes. No era capaz de emitir reacción alguna. El tren aparentemente había terminado su recorrido. Si era cierto que se trataba de un rápido y nunca habíamos sido avisados, en aquel momento lo sabríamos.
El silencio más crudo jamás imaginado nos envolvió. El tren no se detuvo. Es más, continuó aún con más potencia, como si alguien lo hubiese inyectado del combustible más poderoso sobre la tierra. Avanzó a todo galope y el pánico desbordó aquel tren de la muerte. Lo único que alcanzaba a ver por las ventanas era campo abierto, pastizales secos y yuyos. Ni una pizca de civilización allí presente. De golpe, todo se volvió oscuridad. Era como si nos encontráramos en un túnel, o algo parecido. La gente corría y saltaba desesperada como vacas rumbo al matadero. Por fin el fatídico viaje había llegado a su fin. Las puertas se abrieron y todos descendimos casi de manera inconsciente, escapando de nuestra prisión y sin tener idea de donde estábamos. Gritos, uno tras otro, laceraban mis oídos. No había andenes, ni estación, ni guardas, ni boleterías ni nada. Aquél lugar donde nos detuvimos era lo más parecido a un calabozo medieval. Paredes de ladrillos negros y gastados, humedad y musgo entre grietas del cielorraso. Esqueletos encadenados al piso, -Quizás así terminaríamos, pensé. Me distraje observando manchas de sangre seca en el piso cuando de pronto, una voz tomó preponderancia por sobre los gritos desgarradores de todos los pasajeros. Fue en ese instante cuando se coronó en mi interior el más absoluto terror. –Bueno muy bien, se colocarán en fila y uno por uno irán ingresando por esta puerta sin hablar porque si no, morirán en el acto. Aquel ser que nos dirigió la palabra queda fuera de toda posible descripción. Sólo podría decir que el miedo que me impuso su presencia superaría con creces aquello a lo que mayor terror le tuvieron de niños, a lo que más les aterra de grandes, y a lo que más los horrorizó en vida. Hicimos caso al que parecía ser, a esa altura, nuestro verdugo, y entramos todos en fila por la puerta señalada a lo que parecía ser una inmensa cárcel. Consistía de un pasillo interminable con celdas a diestra y siniestra. Estas eran lúgubres y grises, con barrotes viejos y oxidados pero que no parecían brindarnos la más mínima posibilidad de escape. Como nuestro anfitrión, fueron apareciéndose más y más, hasta el punto de haber uno de esos por cada uno de nosotros, que éramos cientos. Nos condujeron hacia las celdas y nos prometieron que no nos haría daño si respetábamos sus reglas. Me senté en el húmedo piso de mi calabozo mientras masticaba mis propias lágrimas y aguardaba mi destino. Hacía rato que la esperanza se había escapado de mi mente.
Resultó ser que estaba en lo cierto cuando creía que aquellos serían nuestros verdugos. Según mis cálculos, alrededor de una vez cada seis meses, se llevaban a uno de nosotros a un cuarto que quedaba al final del pasillo. Alaridos espeluznantes, casi bestiales, escapaban de aquella sala. La fortuna hizo que yo sea uno de los últimos que aún sobrevivimos en esta estremecedora prisión. Pero asfixiado en estas ruinas sufro el castigo de ver como uno a uno nos arrastran a la tumba. No podría decirles cuanto tiempo pasó desde aquel viaje fatídico. Sólo puedo arriesgar que por mis arrugas y mis canas supongo que demasiado. Hoy en día soy una masa amorfa de carne maltrecha que desolada espera que su existencia se acabe. Momento! ¿Eso es una puerta que se abre? ¿Están liberándonos? ¿El martirio se acabó? Perdonen, estoy delirando, debe ser el encierro, y que aquí adentro casi no tenemos aire.

martes, 23 de agosto de 2011

Llueve ...


Gotas como flechas arremeten contra todo lo que se encuentran. Quizás la oleada más temible alguna vez imaginada podría llegar a compararse con semejante tempestad. Cualquier sonido más allá de su repiqueteo constante se enmudece. Incluso los truenos se han acobardado quién sabe dónde, temerosos de ensombrecer su majestuosidad.
Las calles, anegadas, convertidas en riachos , son escenarios de las aventuras de valientes hombres y mujeres que, enfundados cual si fueran guerreros griegos, enfrentan el aguacero. Sus historias se convertirán en mitos y en otros casos jamás serán oídas. Quién sabe cuántas almas se habrá devorado este diluvio.
Un tronco del tamaño de un piano de cola se vislumbra a toda velocidad corriente abajo, en plena avenida. Conductores resignados dentro de sus autos, aguardando el destino que las vírgenes corrientes de la Ciudad les han reservado.
Alfileres, cada vez más filosos y más traicioneros embisten con la más desnuda violencia. Los tejados dan la impresión de resquebrajarse con cada nuevo arrebato de los cielos. Para colmo las nubes continúan oscuras y rebosantes, como dando a entender que lo peor aún está por venir.

domingo, 19 de junio de 2011

La izquierda enemiga y el surgimiento de un nuevo villano.


Nota escrita por mi persona publicada en la Revista Alrededores del mes de junio en la cual colaboro. Espero sea de su agrado, en caso contrario, que genere un rico debate y/o reflexión sobre el tema. Abrazo people!

http://www.alrededoresweb.com.ar/2011/05/la-izquierda-enemiga-y-el-surgimiento.html

miércoles, 25 de mayo de 2011

"Mañana Me voy"


Me voy a ir a vivir a otro planeta, le dijó Miguel a su esposa Marta, y esta, entre risas, contestaba: dejá de delirar Miguel, estás loco, basta de boludeces. Miguel se enfureció: ¿Cómo no me toma en serio mi propia esposa? Pensó para sus adentros. Es la verdad negra, mañana parto hacia un lejano planeta a unas cuantas galaxias de aquí. Se llama Exquinos-4, bah, esa sería la traducción en nuestro precario idioma. No sabés lo que es todo allá! La tecnología que tienen! Como viven! Es impresionante. Es lo mejor, y ya lo decidí, me cansé de todo en esta tierra, me quiero ir. Estás loco gordo, de verdad me estás hablando en serio? No lo puedo creer lo que me decís. Aparte, ¿Por qué te cansaste de todo? ¿Te cansaste de mí también? ¿Y sí es tan lindo allá por qué no me llevás? Dijo Marta sólo por diversión, para seguir las fantasías espaciales de su marido. Es qué sí Marta, así no puedo seguir, perdóname. Yo te amo con el alma, sos el amor de mi vida, pero la verdad qué últimamente nada más peleamos y peleamos y siempre volvemos a lo mismo. Una racha linda, y vuelta con lo mismo. Los mismos problemas, los mismos berrinches, que yo esto, que vos aquello ,que por qué no hiciste esto, que yo te pido esto otro. Y no lo digo solamente por vos. Yo también soy culpable y es por eso que me quiero alejar. Todo va a ser mejor negra, de verdad. Yo ya no puedo ni conmigo mismo, menos puedo con alguien más. Perdoname de corazón te lo digo, siempre te voy a recordar desde allá lejos. Es más, alguna señal a lo mejor te puedo mandar. Quién te dice qué algún día me pueda hacer una escapadita. Y encima no sabés la calidad de vida del lugar! Nadie te roba, nadie te jode ni te putea ni te agrede. Se convive en una paz eterna! Nunca nadie en guerra con nadie, todo en armonía, es un placer ese lugar! Quiero llegar y recorrerme todo ya! No aguanto más negra, muero de felicidad! Adiós a toda esta vida vulgar, materialista y llena de horarios, apuros, presiones, y otras mierdas. Chau tierra! JAJAJAJA.

Mario reía de manera estruendosa. Su rostro se deformaba de manera tétrica producto de sus enormes risotadas. Marta no lo podía creer. Su esposo hablaba de una manera seria, segura y convincente como nunca antes lo había hecho. Emanaba una confianza en sí mismo de tal magnitud que hasta la hacía dudar acerca de sí en verdad hablaba en función de delirios esquizofrénicos o si realmente lo decía enserio. Siguieron discutiendo un rato más, pero finalmente ya se había hecho muy tarde y al otro día debían trabajar. Dormite de una vez Miguel que mañana tenemos que madrugar los dos. ¿O con todo esto de tu viaje galáctico no vas a laburar tampoco? Por supuesto qué no negra, apenas salga el sol me vienen a buscar mis futuros compañeros de Esquinox-4 y partimos en su nave. Lo lamento pero prefiero que sea así, rápido y sin despedidas. No quiero ponerme mal ni hacerte pasar otro momento triste gorda. Te voy a extrañar mucho.

Marta estaba preocupada. Saludó a Miguel con un beso, posó su cabeza en la almohada y se dedicó a pensar un largo rato antes de dormirse. ¿Y si su marido estaba loco? ¿Era acaso esto una broma por el día de los inocentes o en verdad su esposo creía en aquellos delirios que tan seriamente predicaba? Todas incertidumbres para su compañera y amada de toda la vida quién, luego de un rato de reflexión, logró conciliar el sueño.

El sol emergió radiante al día siguiente con una puntualidad suiza. Los finos rayos que emanaban por la persiana lograron despertar a Marta quién abrió los ojos tímidamente. Volteó para despertar a Miguel, creyendo que aún estaba dormido, y se encontró con qué este no estaba. Sólo se hallaban allí su pijama y sus pantuflas. Su hueco en la cama aún estaba cálido, como si se hubiera levantado hace algunos minutos. Marta pensó que este se le habría adelantado al despertador y que se encontraría en la cocina preparando al desayuno. Por un instante recordó su charla nocturna, el tema del viaje a otro planeta y todas aquellos disparates, pero luego se dijo a sí misma : No seas boluda Marta, eso no puede ser posible. Miguel esta en la cocina y asunto arreglado.

Al llegar a la cocina vio que Miguel tampoco se encontraba allí. Esto hizo que el asunto le comenzara a parecer raro. Una sensación extraña mezcla de escalofrío y nervios comenzó a recorrer todo su cuerpo. Corrió a buscar a su marido al comedor, al baño, al patio, al lavadero, al living. Su esposo no estaba allí, ni en ningún otro rincón de la casa. Intentó no entrar en pánico y pensar como una persona razonable, y no caer en qué un grupo de marcianos había pasado a buscar a su esposo para irse a jugar un partido de fútbol a los anillos de Saturno. Habías miles de alternativas posibles antes que aquella. Se decidió primero por llamar a su celular para intentar ubicarlo. Llamó y llamó por un largo rato hasta que se percató de que lo había dejado abandonado dentro de un cajón de la cocina. Esto si le pareció extraño, ya que jamás Miguel olvidaba el celular, y menos aún, lo guardaba junto con los tenedores y los cuchillos. Marta decidió llamar a su trabajo para ver si Miguel había ido un poco antes. Respondieron que Miguel aún no había llegado, ni se había contactado con ninguno de ellos. Llamó a todos, TODOS, los amigos de su esposo. Ninguno sabía de él y , es más, ninguno tenía noticias suyas desde hace meses. Llamó a sus suegros y se encontró con la misma respuesta.

Estaba aterrada. No sabía que hacer. Su esposo había desaparecido y , como si esto fuera poco, sobrevolaba por sobre ella el fantasma de la noche anterior. Aquel preámbulo de su amado despidiéndose de ella y del mundo, anunciando su partida hacia otra galaxia, una vida extraterrestre, rodeado de satélites y constelaciones, en un mundo pacífico y a años luz de distancia. Marta nunca lo quiso creer, pero al parecer, se estaba convenciendo. De repente, Marta advirtió que aún le faltaba un lugar de la casa por explorar: el jardín. Salió disparada hacia este y , de pronto allí encontró todas las respuestas al enigma. El patio estaba cubierto en su totalidad por una inmensa nube de polvo negro. El piso, lleno de cenizas y hojas secas. Todo se encontraba revuelto, como si un fuerte viento hubiese soplado allí mismo. Ropa tirada, adornos arrancados del piso, plantas destrozadas. Un fuerte aroma rancio, como a combustible, se respiraba en el ambiente. No puede ser, esto no puede estar pasando, se repetía a sí misma. Alzó un poco la mirada y por fín comprendió todo. Lo que vio le bastó para darse cuenta de que su marido tenía razón. Estaba desconsolada. Su marido jamás volvería, y las pruebas estaban frente a sus ojos.

martes, 15 de marzo de 2011

Testimonio


“Prefiero seguir mi camino antes de hacerme el sumiso o dejar que todos me pisoteen. ¿Es acaso tan grave lo que elijo? Desde que me convertí en agente de la Policía Bonaerense que todos trataron de pisotearme, darme forma, malearme, pulirme. Intentaron moldearme cual si fuera el barro que forma una futura vasija decorativa. El caso es que no quiero ser una vasija, yo apunto a más. Este lugar esta plagado de narcotraficantes y de la peor calaña. Yo no me metí en este antro para ser uno más de su estirpe. Yo quiero cambiar todo esto, quiero ser mucho más que estas basuras, intentos de seres humanos, que no tienen escrúpulos para entrometerse en la vida de hombres, mujeres, niños y ancianos por igual. Son gusanos, y es más, ni siquiera eso. Las pobres criaturas que pueblan las plantas merecen mucho más respeto y admiración que estos seres amorfos a los cuales destinamos nuestra “seguridad y protección”.

Mi camino comenzó a los 18 años, cuando tomé esta decisión. Ya nadie volvería a pisotearme otra vez. Siempre fui una persona a la cual le importó muchísimo el qué dirán. Basaba mis decisiones en la opinión de los demás, y me privaba de hacer muchas cosas que me enriquecían por temor de ofender, molestar o faltarle el respeto a mis seres queridos. Yo no soy así pensaba. De golpe, afronté mi problema y decidí atacarlo de raíz. Encontré en la policía bonaerense un buen camino para llevar a cabo mi plan. Por fin elegí algo por mi cuenta de manera limpia y pura. Nadie me lo impuso. Ninguno me lo sugirió. Es más, todo lo contrario.

Intentaron desalentarme, me asustaron, incluso me amenazaron. “Vas a convertirte en uno más de esos, estafadores, ladrones, sucios, los policías son mala gente. Son de lo peor”. Toda mi gente repetía un discurso similar, y eso que recibí voces bastante heterogéneas. Discursos tanto de izquierda como de derecha, los cuales todos llegaban a un mismo punto. “No seas policia”. Yo les contestaba a los fachos, que yo iba a pelear con uñas y dientes por la seguridad que ninguno de esa manga de ladrones les dio en toda su vida. A los zurdos les contestaba que me parecía un camino mucho más valiente y arriesgado combatir al sistema y pelear por la revolución, inmerso en un organismo contaminado de preceptos reaccionarios y ladinos a combatir desde afuera, agitando banderas y tomando una facultad.

Lo decidí. Ignoré los insultos, los apremios y me sumergí en el enorme océano policial. El camino fue mucho más dificultoso de lo que creí. Los abusos estaban a la orden del día. Oficiales que torturaban y violaban a pibes que llevaban a la comisaría por fumarse un porro en la vereda, o por algún insulto revoleado al pasar, soberbia provocación de por medio. Droga por doquier, y no alguna que otra hierba, sino cantidades descomunales de cocaína y pasta base que los mismos hombres uniformados se encargaban de distribuir por villas, barrios marginales y demás porciones del conurbano. Lo hacían sin vergüenza alguna. No les importaba que aquella sucia tarea les arruinara la vida a miles de pibes. Ellos estaban orgullosos, y lucían su sonrisa impoluta bajo un grueso bigote con tibias pinceladas de muzzarella.

Hace ya diez largos años que me enrolé en la bonaerense. Combatí estas acciones lo más que pude. Por momentos pierdo la fe, y descreo de lo que estoy haciendo. Pero todas las veces que algo me impactó de frente o me hizo tambalear, me fortalecí y salí adelante. Podré parecer un maharishi, o algo similar, pero es tal cual como dice el refrán: lo que no te mata, te fortalece. Sigo y sigo peleando porque sé que esos chicos no se lo merecen, esas familias a las que les roban hasta su último centavo tampoco se lo merecen, nadie se merece semejantes agresiones bajo ninguna circunstancia, y menos aún si provienen de la institución que, en teoría, debería protegerlos de toda amenaza existente.

Sigo y seguiré adelante, cada vez con más fuerza, combatiré contra estos malandras, asesinos, lacras de la sociedad, y prometo dejar hasta mi última gota de sangre en esta batalla.”

Victor Manuel Ojeda

Buenos Aires, 23 de junio de 2008

Pero mirá lo que encontré Gómez. No lo vas a poder creer. El subcomisario Hernández le pasó al Oficial Principal un papel rajado y amarillento. Estaba escrito a mano alzada, con una letra apresurada y desprolija. JAJA mirá vos ché! Encima de cagón, resultó idealista el muchacho eh! Menos mal que nos lo sacamos de encima! Y mirá como nos puteaba. Bien que no dijo ni mu cuando lo metimos en ... SHHHH acá no hablés Hernández, no sabés quien puede andar vigilanteando por ahí. Hay que ser discretos. Disfrutemos en privado. Ya sabemos que este perejil no va a joder más. Sí, lindas vacaciones le dimos, seguro le va a encantar el río.
 
 
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